
Y vuelvo con el primitivismo que veo que me invade. Lo que noto son síntomas. Uno de ellos, no sé si fue el primero que percibí aunque creo que sí, fue ese deseo de expresarme a través de la pintura. Visto cómo reflejo esos sentimientos en la tela blanca tengo una única salida para explicar mi obra: o bien lo que siento es tan básico como unas cuantas líneas mal expuestas en un óleo, o es que estoy volviendo a lo primitivo del ser humano y me expreso como en el Neolítico. Mi mente (sabia ella) ha decidido que estoy en la esencia primitivista humana y no es que ande corta de sentimientos o razón, sino que mi pintura habla de los orígenes… volviéndose pura base.
Otro síntoma de ser primitivo en estado puro es este deseo que me ha dado de hacer punto. Sí. Tejer. Eso es, con las agujas. Ya llevo una bufanda azul eléctrico hecha para Mario… y para mi sorpresa ahora mis hermanos dicen que es preciosa y tengo dos pedidos. Luis quiere una plena de color y Alicia ha reclamado otra llena de colores ¿? Yo ya digo, me estoy preocupando porque por las noches, sentada en el sofá, me relaja coger las dos agujas…
El tercer síntoma que ha aparecido es el deseo instantáneo de tirar el teléfono al suelo cuando empieza a sonar. En el fijo de casa no puedo ver quién llama… y me vuelvo neardental pura a determinadas horas desde el primer segundo en el que oigo sus pitidos.
Más: el olor. El mal olor es capaz de levantarme el estómago y la voz. Cuando llegó el frío empezó el aroma a bolas de alcanfor que soltaban los abrigos. Aroma inconfundible que se une a los cientos de miles que se puede notar en cualquier aglomeración del metro. Y rastreo el olor nauseabundo hasta descubrir de donde procede. Lo localizo y, entonces, huyo como presa acorralada.
Y lo que echo de menos: irme a andar por el monte. Hacer una ruta de horas en las que dedicarme a mirar los colores y las formas naturales. Vamos, hace apenas tres años nunca hubiese deseado perderme en el campo teniendo una buena ciudad a mano. Ahora necesito ver una naturaleza que me es totalmente ajena. Si apenas diferencio tres tipos de árboles….
También me está gustando ordenar las fotos que estaban locas campando a sus anchas por el ordenador. Hay más de 6.000 y estoy organizando el album… ¡hay que ver lo rara que estaba de morena! ….