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domingo, 1 de junio de 2008

¿Cómo nos llevaríamos?

Me entretengo pensando qué relación podría tener con cada una de las personas que van entrando en el vagón. Pienso si podría ser amiga de la chica que pasa sin mirar y se acomoda junto a la puerta, o si terminaría discutiendo con el que se ha subido corriendo porque temía perder el tren. Me distraigo así muchas veces cuando voy en el metro. Me dejo llevar pensando qué pasaría si justo ese vagón en el que viajo se quedase parado en mitad de un túnel sin poder moverse, aislado, sin que pudiésemos salir, durante un tiempo indefinido.

Creo que me llevaría bien con la rubia de pelo teñido, largo y ondulado. De espaldas me pareció joven, pero cuando se sentó y pude ver su cara comprobé que pasaba bastante de los 50. Ha envejecido dejándose estar como si fuese joven. Pero podríamos entendernos. Ha sacado del bolso un monedero blanco y negro, imitando piel de vaca. Y por eso, y por sus rizos largos hasta el culo, me ha caído bien.

Seguro que no me entendería con el hombre del abrigo verde botella. Repeinado hacia un lado y con los zapatos sucios. No. Con él no. Ya me dijo mi amigo Cristóbal hace muchos años que la gente con zapatos sucios no es limpia. Desde entonces cuando me presentan a alguien le miro a los ojos, deslizo una mirada discreta a las manos y bajo disimuladamente la vista para analizar su calzado.

La pareja que se sienta a mi derecha no tendría mucho interés en compartir experiencias. Sus miradas son para ellos y las caricias dejan atrás el mundo.

Los dos hombres que están sentados frente a mi seguro que dan para hablar de música y de literatura. Uno lee atentamente, es un tratado en inglés sobre psicología. El otro sigue rítmicamente la música que sale de unos auriculares blancos. Son atractivos. Si nos quedásemos allí muchísimo tiempo ¿serían los que me podrían llegar a gustar?

Un chino dormita un par de asientos más allá sujetando bien un carrito de la compra. Dudo mucho que pudiese hablar con él, pero si rompiésemos la comunicación de las palabras podríamos mirarnos a los ojos y ver, juntos, su país. Aunque quizás el prefiriese hacerlo con la jovencita con aspecto de rusa o de polaca que mira distraída por la ventanilla. Tiene un pelo precioso, fino y suave, sobre una cara cargada de maquillaje excesivo y barato.

Si en ese vagón fueses tú… ¿cómo nos llevaríamos?