miércoles, 4 de julio de 2007

Ellos nos necesitan ¿Y nosotras a ellos?


Hay cosas que no hace falta que nos justifiquen, pero está bien que los números nos corroboren que son así. Y hoy ha llegado una confirmación de esas que ya intuíamos: "El matrimonio es más beneficioso para el hombre que para la mujer. A partir de los 30 años, el hombre soltero tiene peor valoración de su propia salud que el casado, circunstancia que no se da en las mujeres, en las que el estado de casada se encuentra asociado con peor salud en la práctica totalidad de los grupos de edad".
La fuente es el libro "Los españoles frente a la salud y sus determinantes". Se ha presentado esta mañana en el Senado. Se ha hecho desde la Fundación Gaspar Casal y cuenta con la colaboración de Sanofi Aventis. Los resultados se han obtenido a través de encuestas.
Y ahondando un poco más dicen en el libro que esto puede deberse a que el hombre cuando se casa suele entrar en una vida más estable y equilibrda, con mejores hábitos alimentición y con una reducción en las conductas de riesgo. La mujer percibe su salud peor, sigue este análisis, porque acumula a su trabajo previo el de las tareas domésticas, y cuando tiene hijos se suele depreocupar más de su salud en beneficio de la de los hijos y el marido.
¿Hay unanimidad? ¿Alguna hipótesis diferente?

martes, 3 de julio de 2007

Hoy, lejos de la pecera


Hoy es un día en el que se encontrarán extraños. Se han levantado y no es un día normal. No van a estar juntos escuchando, riendo y compartiendo. Hablando, mirando y escuchando lo mismo. Reflexionando. Recordando días muy diferentes para todos.

Hoy hay un vacío para víctimas del 11-M que no van a llenar con su presencia las sesiones del juicio que se ha celebrado durante 57 sesiones en un edificio habilitado por la Audiencia Nacional en la Casa de Campo. Hoy no van a ver a primera hora de la mañana un tanque de la Policía Nacional con un hombre mirando fijamente a todos los que pasan por la Nacional V mientras aprieta una ametralladora sin soltarla un segundo. Hoy no van a escuchar ni a odiar en directo. Lo harán en diferido.

El día de ayer lo pasé allí. En ese edificio de alta seguridad y bajo perfil. Les estuve mirando la cara, a ellos. No serán todos culpables, puede ser, pero no son todos inocentes. En sus miradas y en su actitud del cuerpo, en sus gestos y en sus risas se les ve demasiado normales para serlo.

Ya todo el mundo ha leído y escuchado lo que pasó allí. Y no me voy a repetir. Solo voy a contar apenas dos detalles, insignificantes, de todo lo vivido.

Víctor es uno de los jóvenes acusados de transportar la dinamita desde Asturias hasta Madrid. Es tan joven, y es tan guapo. Hasta que sonríe, y entonces asoman unos dientes gastados, estropeados y sucios. Ha compartido estos días de juicio con los periodistas. Se ha hecho amigo de muchos de ellos. Y eso ha molestado a algunas de las víctimas, a alguno de sus abogados.

Es tan sencillo. Tanto, que no le puedes negar una sonrisa. Y no le puedes negar un hola a Carmen, la que estuvo con el minero. Vuelve a ser tan joven, y habla con un acento asturiano tan cerrado a todo el que la escucha. Cuenta que hace dos años que está con su novio nuevo y que le va muy bien. Cuenta que ella no se entera de mucho, y que nunca ha tenido nada que ver. Cuenta que no le da emoción ver al minero allí sentado, ni pensar en que le pueden caer años de cárcel a él, porque no piensa que le vaya a caer nada a ella: “Como dice mi padre, cada perro que se lama su pijo…” “Es un dicho de allí eh, que no lo digo con mala intención”. Parece no haber dicho nada nunca con mala intención ¿habrá hecho algo alguna vez con mala intención?

Y están dos chicas muy, muy jóvenes, que entran al lavabo cuando entro yo. La dos llevan velo. Hablan perfectamente español. Y se están arreglando ante el espejo. “Somos las que más llamamos la atención ¿verdad?” dice una. “Sí”, contesta la otra, “es que somos las más guapas, y somos diferentes. Nos miran”, contesta su amiga. Eso es, lo son, guapas, tapadas, y diferentes.

Los 28 procesados ya no están allí, hoy, en la pecera. En sus declaraciones ante el tribunal llaman así al recinto de seguridad que les acoge. En esa pecera han pensado qué van a decir en su última palabra durante el juicio. Y allí se han atrevido a pensar lo que después han dicho. Han condenado (todos menos los tres acusados de ser ideólogos) los atentados. Y lo han hecho mirando a los tres jueces que van a emitir sentencia porque, ahora no, no se han atrevido a girarse para mirar a las víctimas repartidas entre el público y decirles mirando a los ojos lo que dicen descaradamente a los jueces: que entienden su dolor.

Hoy estarán como peces sin agua en otras peceras sin cristal. Y hoy me alegro de no estar allí.

miércoles, 27 de junio de 2007

Crónica de líneas sobrepasadas


Con permiso de Atikus y de todos los expertos en cine, hoy me voy a centrar en una película, quizá, para anestesiar algún recuerdo vivido. He estado viendo Crónicas, una narración descarnada en la que el protagonista es un periodista de televisión que trabaja en un reality de los muchos que pueblan las emisiones de todo el planeta. Está empeñado en convertirse en un héroe y descubrir a un asesino de niños sobre el que ha tenido que trabajar. El contacto con la gente le lleva a tener pistas que decide investigar por si mismo y, totalmente consciente de lo que hace, atraviesa una de esas líneas rojas que tiene toda profesión para conseguir lo que ansía sobre todas las cosas: el éxito y el reconocimiento.

Y su personaje no está alejado de mucho de lo que hay en el periodismo de hoy. Aquí y ahora. Una escena de la película muestra a una madre llorando, derretida y agarrada al ataud de uno de sus hijos. El marido se acerca hasta ella para consolarla, abrazarla, y para intentar que se separe del féretro. Es una escena con la que los periodistas trabajamos con cierta frecuencia. Y en ese pequeño cementerio de la película, el cámara de televisión mueve al padre, al hombre dolorido, para poder captar mejor la imagen. Le hace moverse para que en el objetivo quepa bien la cara inundada de llanto y dolor de la madre.

Más tarde el cámara, el periodista y la productora de la noticia se ven envueltos en un linchamiento. De lo que se preocupan es de que la crudeza de la escena salga bien filmada, de que la sangre se capte y los puñetazos aparezcan en primer plano.

Pasan muchas cosas más… tantas más como las que “compañeros” de profesión hacen cada día en la vida real.

He tenido que trabajar en noticias sobre desaparecidos en las aguas de un río y no he preguntado a los hombres y mujeres con lágrimas en los ojos que se adivinan como familiares. No. Se habla con los policías, con los guardias civiles o con los buzos, pero se tiene que respetar el dolor. Los cámaras se dan codazos entre ellos y con los fotógrafos, hay redactores que corren detrás de un coche que está en marcha suplicando unas palabras que rellenen un tiempo vacío…

He tenido que ir a entierros y nunca me he acercado a los familiares, metiéndoles el micrófono o una grabadora entre las lágrimas para pedirles una declaración. No he suplicado a madres destrozadas que me diesen una foto de sus hijos fallecidos para publicarla en el periódico y que todos vean la cara viva de un muerto. Sí he hablado con heridos que han contado cómo ha sido un accidente; sí he hablado con portavoces que han narrado hechos y no lamentos; sí he pedido datos a quien podría tenerlos. Sí he intentado reconstruir, he buscado, he escrito, he hablado…

Las líneas rojas se pasan de muchas formas. Y hoy la prensa se está saltando las fronteras. Redactores jefes, jefes de sección, subdirectores y directores, jefes de programas, productores… piden la sangre que muchos les dan.

lunes, 25 de junio de 2007

La publicidad les busca a ellos


En el 45% de los coches vendidos en el último año en Estados Unidos pesó la opinión de los hijos en la decisión del modelo por el que optaron los padres. No puede ser una noticia más triste. Los niños están decidiendo qué marca compran los padres, y eso es consecuencia directa de que el mercado publicitario descubrió hace unos años que los niños son un objetivo más fácil de influir que los padres. Por eso se han lanzado a por ellos. La publicidad ya se dirige a los niños. Porque cada vez son más escuchados. De la virtud de una sociedad se está aprovechando un sector fiero y sin control. Si los hijos son capaces de influir en los padres cuando compran, es mejor dirigir los anuncios a los niños y ellos se encargan de hacer el trabajo. ¿Os habeis parado a mirar cuántos anuncios tienen como protagonistas a niños? Vamos a hacer una prueba contándolos a lo largo del rato que estemos viendo televisión durante un día... y sumemos el resultado. Yo lo haré, y os lo voy a decir.

jueves, 21 de junio de 2007

.... otras comidas


Esto de leer blog está empezando a afectarme. No sé si en las neuronas o en las hormonas, pero en algo que tiene tinte de grave. Y vayamos a comprobarlo. Leo entradas estupendas como las de fricosal sobre escarabajos, y de microalgo sobre comidas renacentistas, y a mi se me ocurre pensar en las cosas más asquerosas que me he metido en la boca en la vida. Y como en toda esta mañana no se me ha quitado de la mente la imagen de esas esencias repugnantes, voy a intentar el exorcismo de contarlas a ver si desaparecen. Aquí van las recetas:

  1. Carne de camello con pelo largo. La especialidad la degustamos un caluroso día de septiembre después de atravesar el desierto de Ramlat as Sab´Atayn en Yemen. La salida fue de madrugada en un todoterreno que nos llevó por decenas de kilómetros de suave arena cortada por el horizonte de uno de los cielos azules más intensos que recuerdo. La salida de esa inmensidad dorada eran cuatro paredes en las que se servía cada día la comida disponible. Lo que fuese. Que era lo que comían los camioneros que hacen la ruta del desierto transportando mercancías. Ese día la comida era arroz sobre el que bailaban trozos de carne de camello con pelos. No debieron tener tiempo de depilar a todo el animal antes de quemarlo, literalmente, sobre unas lenguas de fuego que salían de unos agujeros que tendrían que ser los fogones.
  2. Cabra hervida. Mismo país. Yemen es que, en gastronomía, es especial. Situación similar de ausencia total de garito para comer después de la última cena (como queda eso, eh, última cena), y aparecen otras cuatro paredes que recubren un amplio lugar sucio, más repleto de moscas inmensas que de comensales. Lo que hay vuelve a ser lo que hay, y aparecen los platos de cabra hervida. El intento de agarrar un trozo de carne requiere habilidad. La carne resbala al contacto con los dedos. Se impregna de la historia de restos acumulados sobre la mesa. Pero ni eso le da sabor. Ni eso quita dureza.
  3. No. Ya no es Yemen. Nos vamos a Vietnam. La serpiente es un plato exquisito, valoradísimo en el país, preparado con mimo a precios astronómicos con innumerables recetas. Nos hicieron degustación con serpiente cocida, guisada, especiada… riquísima.

- Carmen, tía… ¿no decías que cosas repelentes que hayan entrado en tu boca? Pues no dices que sea asquerosa.

- NO, es cierto, no lo es.

La cuestión no es la serpiente comida, sino la serpiente bebida. Cuatro de la tarde con un calor que sale de las neuronas o que está metido en ellas. Después de una deliciosa comida en un local de pequeña ciudad, los dueños ofrecen una bebida. Se acepta, claro. Y aparece un bidón de plástico relleno de un líquido turbio, entre blanco, gris y negro. Lo negro no es el líquido. Si lo miras bien son las serpientes que le están dando sabor al puro alcohol. Del bidón sale un líquido espeso, con aspecto de babilla, caliente y, aseguran, buenísimo. A mi se me quedó lo de caliente y baboso.

¿Más? ¿Y las vuestras?

martes, 19 de junio de 2007

Aireemos... o algo así


Hoy he comido con Paco Clavel. Tiene más colores en el pelo de los que yo me he atrevido a ponerme jamás y una perilla que ahora es color verde totalmente apropiada para la ensalada que anda degustando. Cuando llegó como entrante –a eso de las tres de la tarde- una de esas anchoas del Cantábrico que ya no quedan, empezó a soltar la lengua, a juego con el color rojo del vino que bebíamos. Y salió su “yo” cansado.

- Todo el que quiere salir del armario me pide consejo.

- Y ya estás cansado.

- No, no del todo, es que no sé nada nuevo que decir.

Pero no es verdad, Paco siempre tiene algo que decir, y más ahora que está terminando de firmar con Radio 3 un programa para hacer “sus cosas” los sábados y domingos entre nueve y diez de la noche. Se le va a soltar la lengua.

Y ha empezado a contar, en la comida, como aperitivo de su programa. Y ha contado que esta mañana se ha cruzado con una mujer por la calle. Una señora de esas de barrio de toda la vida, que le ha parado para gritarle:

- “Paaaaaco…. Qué alegría encontrarte. A ti tenía que verte yo hoy”.

Y él, histriónico como pocos, pero cercano como menos, se ha parado. La señora quería contarle que tiene un hijo con 22 años, inteligente y guapísimo. Y no era amor de madre. Le enseñó la foto para que no hubiese lugar a dudas. Un hijo hermoso, viril y joven.

- Pero es que el sábado salió del armario. Paaaaaco ¿qué hago?

Y Paco, que es de todo menos discreto, le dijo lo que realmente pensaba después de mirar con detenimiento esa fotografía con la hermosa criatura.

- Señora, este hijo suyo lo que necesita, para ir bien en la vida, es airear mucho el paquete.

De la señora no tenemos noticias. Del hijo tampoco. Pero sí una conclusión: aireemos, ahora que podemos…

lunes, 18 de junio de 2007

Esos pobres e incomprendidos constructores


La mañana hoy ha sido de ladrillo. No metafórico, no, real. Los constructores de viviendas de vacaciones, que los pobrecitos están quejosos. Se esperaba que este año vendieran unas 120.000 casas en la costa de todo el país… y resulta que no prevén vender más allá de 90.000. Es que ya se sabe, los precios andan un poco subidillos, pero vamos no es ese el problema, el centro de la cuestión es que dicen que la prensa les ha dado muy mala imagen. “Por un caso suelto de corrupción estamos pagando todos”. Lo dice el autor del informe, que es Raúl García, del grupo I, que ha presentado hoy el cuarto informe sobre el mercado de la vivienda vacacional. Un informe que cuenta con el aval del banco Santander y firmas como Beleyma y Avantis.

Hay, dicen, “ruido mediático en perjuicio de la imagen del sector”.

No se está saturando la costa; los casos de corrupción son puntuales aunque, eso sí, lanzados con altavoz hasta con la complicidad de Europa; si alguien tiene la culpa es el Gobierno que, para mayor caradura, no hace campañas de promoción de un sector desprestigiado. Y total, el deterioro de la costa no la han hecho los constructores de vivienda de playa, ya empezaron antes los hoteles. Y que haya casas en primera línea de playa sin respetar límites no es de ahora, viene de hace mucho, pero estamos dando la lata justo en este momento. Que hay demasiados campos de golf que se llevan el agua, ni mucho menos, miremos Arizona que es ejemplo de turismo de golf y espejo en el que nos podemos mirar.

El párrafo anterior se corresponde con las respuestas a las preguntas de los acongojados periodistas, deseosos de tirarse al cuello de los cinco altos ejecutivos quejosos que así contestaban.

Dejo algunos datos más para la reflexión:

1. El precio medio de una casa en la playa se eleva a 240.000 euros.

2. El 33% de los compradores son extranjeros, un porcentaje que cae cada año y que se prevé en descenso porque comprar aquí ya no es barato. Ahora los constructores españoles se van a Marruecos, que es más negocio.

3. El incremento máximo de precios se produjo en el segundo semestre de 2004 con un 15,6% y en el primer trimestre de este año la subida está en el 7,4%. La previsión del informe es que este año finalice con subidas de un 5,3% de media nacional, aunque el incremento será mayor en zonas emergentes como las Costas Verde, de la Luz, Cálida o del Azahar; y mejor en mercados puntuales como Barcelona, Tenerife o la Costa del Sol.


....continuará si quereis más.