
En la roca viva permanece excavada desde el siglo XII una singular iglesia roja. Hasta que no se llega a los mismos pies del techo de la iglesia no se puede ver la grandiosa roca pura que se abre en el suelo en la localidad etíope de Lalibela. El aislamiento geográfico del valle Rift de Africa del Este ha guardado esta joya hundida en una roca de piedra volcánica con forma de cruz griega. La paredes caen rectas, las ventanas, apenas una por muro, solo dejan pasar una escasa luz que ilumina pinturas policromadas con motivos geométricos llenas de intensidad.
Los constructores de esta singular iglesia excavada en la roca tuvieron que profundizar
Las iglesias se construyeron con una única roca y cuentan que están comunicadas a través de un laberinto de túneles y de pasajes que llevan hasta cuevas de ermitaños y hasta catacumbas.
La singularidad de Lalibela ha hecho que estén incluidas en la listas de monumentos Patrimonio de la Humanidad. Pero ni tan siquiera ese reconocimiento ha hecho que llegue el dinero hasta allí con la necesidad que se requiere. Ni la población consigue salir de la pobreza en la que se encuentra anclada desde hace siglos, parece que es una condena eterna… ni ha llegado el dinero para frenar el deterioro de las paredes de las iglesias, estropeadas con el aire que las lleva azotando durante siglos.



