lunes, 22 de octubre de 2007

El rincón del viaje: Jodhpur


India es el país de las sensaciones, de las emociones, de lo espiritual y lo material… del dolor y de la belleza… de los contrastes y de los colores. Y la ciudad de Jodhpur es la que tiene dentro de sí el azul. Es uno de los principales núcleos urbanos de la región de Rajasthan y en sus estrechas y sinuosas calles del barrio antiguo abundan las casas pintadas de índigo. Son las casas de los bramanes. Y son esas paredes las que han llevado a que Jodhpur se haya llamado la ciudad azul. Entre las vacas sagradas que comen sin descanso, sin miedo y sin prisa por mitad de las vías, aparecen tenderetes de especias, de telas y de frutas que acompañan en la gama de colores a los azules de las calles. Las mujeres de Jodhpur, vestidas con sus saris rojos, malvas o verdes mezclados con el dorado terminan de inundar las retinas de esos colores puros tan alejados de nuestras ciudades occidentales.

Las mejores vistas de la ciudad son las que hay en un impresionante fuerte situado en un risco que se levanta 125 metros sobre ella. Es la fortaleza más imponente del Rajasthan y para llegar hasta allí vuelven otra vez las sinuosas curvas que salen desde la ciudad que descansa a sus pies.

La fortaleza ya se ve impresionante desde la ciudad, pero eso apenas es un adelanto de lo que se podrá disfrutar una vez en el recinto. Si decimos los nombres de los palacios que hay dentro nos vamos a poder hacer una idea de su belleza. En la fortaleza de Jodhpur están el Palacio de la Flor… el Palacio de la Perla y el Palacio del Placer. Todo estaba hecho dentro de esta fortaleza para el deleite de los marajás que allí vivieron. Un deleite sobre todo de ellos, de los poderosos señores que mandaban y disponían de la vida de los demás. Todavía se ven las quince huellas de manos que recuerdan el sati de las viudas del maharaja Man Singh, que se arrojaron a su pira funeraria en 1843.

En los salones de los palacios… la luz juega con paredes revestidas de filigranas verdes que le quieren quitar el protagonismo a vidrieras rojas. Hay paredes adornadas con todos los colores del arco iris… hay techos de madera, hay piedras preciosas adosadas…. Y hay muchos turistas. Pero no turistas de aquí, de esta zona del planeta… sino de allí. Los hindúes que viajan para conocer su país se acercan hasta la fortaleza de Johpur y disfrutan viendo su majestuosidad. Pero también disfrutan mirando a los occidentales que llegan acalorados y con los ojos desorbitados no queriéndose perder un solo detalle.

Y los turistas de la India nos hacen tantas fotos como nosotros a ellos. Llegan ataviados con las ropas de cada una de sus regiones y llenan de colores las calles. Nos asombramos y se asombran. Es un divertido juego que nos distrae, apenas unos momentos, de la armónica belleza de la fortaleza de Jodhpur y de sus sinuosas calles.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Has pintado, amiga Carmen, un lugar tan deseable que me entran ganas de ir quedando ya para que éste sea ese primer viaje que hagamos por nuestra cuenta cuando seamos jubiletas... te parece...?

Anónimo dijo...

No conozco la India, con tu descripción me he quedado con un punto de referencia.
No se si algún día viajaré a la India, es un país y una cultura completamente distinta a lo nos rodea y ya solo por eso interesante y grato de conocer, pero produce un poco de inseguridad.
Quizás es porque las noticias que nos llegan hasta aquí son solo de desastres y problemas. Seguramente estemos allí más seguros que aquí en la dichosa Gran Vía, pero no se.

Interesante post. Besos.

Mad Hatter dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mad Hatter dijo...

¡Qué pena que la foto que pones sea tan pequeña! Me encanta esa imágen de casas pintadas de azul índigo, extendiéndose por la ciudad como si de una mancha de melancolía aceitosa se tratara, e imagino a mujeres paseando por las calles con sus saris de color rojo fuego ¡Qué bello contraste lleno de metáforas y sentido! Carmen, muchas gracias por transmitirnos de una forma tan bella y evocadora esas imagenes exóticas.

Anónimo dijo...

Carmen, haces una descripción Jorhpur que parece que estemos allí viéndolo, sólo con tu explicación invida conocer la India. Harías un trabajo estupendeo como embajadora cultural del pais; si necesitas votos no tiene más que pedirlos en el blogger.

Abrazos.

Carmen dijo...

Carrascus... pues me parece un sitio ideal para volver, hecho, queda establecido como primer destino. ¡Pero qué divertido va a ser esto de jubilarse! ¿Y si pensamos en la anticipada??? Venga, que se prepare el grupo que ya tenemos destino, únicamente nos falta la edad.... pero eso creo que tiene remedio.

Jabel, es un país increible, ya habrás leido tantas cosas que no creo que pudiese aportar mucho más a lo que han dicho grandes viajeros. Solo puedo aportar mi pequeño granito de experiencia, y desde luego aconejo sin dudar a todo el mundo que vaya. Y, sobre todo, sin miedos. Tal y como dices es un lugar más seguro que España, para quienes es inseguro es para los millones de pobres que hay allí. A nosotros nos protege la Visa. Besossss

Mad, ya me he comprado un buen escaner y pondré mejores fotos!!! Es un lugar tan mágico que lo complicado sería no decir algo mínimamente interesante. Muchos besitos Mad.

J, la verdad es que hablo bien de todos los sitio en los que he estado ¿es eso falta de criterio? ;) Nada, embajadora mundial me gusta!

Le Mosquito dijo...

Hace años (batallita, je, je) tomaba café junto a un bailarín inglés, de origen indio. Aspid -tal era su nombre artístico- tenía unos rasgos inconfundibles: tex morena, ojos de plenilunio en negativo, cabellos negros, brillantes y entreverados por canas blancas y mates.
Un gitano español, mayor que Aspid, se acercó a nuestra mesa, levantó a éste asiéndole de los hombros, le plantó un par de besos y le dijo "en inglés" (a voces, vaya): ¡TÚ IGUAL QUE YO!
Áspid no entendió nada, y yo no tuve ganas de traducirle lo evidente.
Yo, igual que Aspid.