
Viene cuando quiere. Sin que le llame. Aparece de golpe, llega tan rápido que siempre pienso: "volando, llega volando". No se para demasiado a mirarme, aunque sé que de reojo no me pierde de vista. Se hace el remolón junto a mi, pero cuando intento acercarme se enfada. Huye. Me mantiene a una prudente distancia. Bien, pienso, ahora yo tampoco quiero tenerte cerca. Mejor mantenemos esa oportuna separación física y hacemos lo que a los dos nos gusta. Yo te miro y de ti ya sé lo que quieres... comerte mis cosas. Quieres acercarte allí. Quieres que te deje el paso libre para que la abraces, para que la chupes y la devores. Quieres comerte a mis florecillas.... a cambio me dejas verte. Me seduce tu color negro brillante.