
Los copos de nieve que han caído esta noche sobre mi casa tienen forma de corazón. Me lo había parecido cuando los contemplaba desde el salón cayendo dulcemente sobre la terraza, pero necesitaba una prueba que lo demostrase. Nadie me creería si me limitaba a contarlo. Por eso me decidí a sacar la cámara que me han traído los Reyes y me dispuse a obtener una imagen irrefutable. Aquí está.
Quizá querían acariciar a estos peces. Son los que están colocados desde hace dos días en el cristal de la puerta de la terraza. Los peces se ven contentos teniendo la nieve detrás. Hasta tienen iluminados los colores. Los rojos del cangrejo. Y los azules de la ballena (no dejo que vea anuncios en la tele, a pesar de que la tiene justo enfrente, para que no piense en tristes dietas de adelgazamiento. Con lo preciosa que está. Menos mal que la ley audiovisual no va a permitir esa publicidad)
Mi aloe vera es el único que creo que está sufriendo.
Voy a resguardarlo de los copos.