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miércoles, 23 de mayo de 2007

La cadena


La escalera de una de las estaciones del metro de Madrid subía esta mañana atestada de ojos. Ojos que hacían una fila de miradas. Inauguraba el primer peldaño un culo femenino cubierto de pana blanca. Pequeño, estrecho, y parece que insinuante, porque de él no apartaba la mirada el chico que subia detrás. Del joven destacaba una franja de pelo largo en mitad de la cabeza, contraste puro con los dos lados que pegaban a la oreja, totalmente rapados. Alto, de más de 1,90 de altura, dejaba caer la vista sobre el culo blanco de la chica y se quedó absorto en su contemplación. Y él, que miraba, no se dio cuenta de que detrás llevaba, colgados en su propio culo, los ojos de una morena con trenzas que se dejaban hipnotizar por los cachetes escondidos bajo su pantalón color caqui. Me puse bien derecha, saqué el culo hacia atrás todo lo que me permitían la escalera y la modestia, y evité mirar atrás porque quise pensar que, detrás, unos ojos me perseguían.

martes, 24 de abril de 2007

El olor


El metro a las doce y media de la mañana no circulaba lleno hasta quedar desbordado como suele ser habitual apenas unas horas antes. Qué bien, relax. Cuando subí al vagón incluso había un sitio libre, y decidí sentarme a leer el periódico. A mi izquierda viajaba una mujer que olía a una colonia dulce, fuerte, y que no separaba la vista del libro que tenía entre las manos. A mi izquierda un hombre de pelo negro dormitaba mientras su cabeza oscilaba de un lado a otro.

Los primeros segundos en que permanecí sentada fueron desconcertantes. Había un extraño olor que se mezclaba con el del perfume de mi vecina de asiento. No podía ser que las delicadas narices de los perfumeros se hubiesen equivocado tanto haciendo una colonia con aromas tan desagradables. No podía ser que esa mujer, con el pelo teñido en esas mechas que tanto llevan señoras maduras de clase media, con los labios perfectamente delineados en color marrón suave, con las cuidadas uñas largas rojas de las manos, con la falda tan bien planchada… no podía ser que ella hubiese elegido un perfume tan desafortunado.

Giré la cabeza ligeramente hacia la izquierda. Una ráfaga de olor me invadió sin piedad. Por las fosas nasales se fue colando un aroma a cama sin airear, a piel saturada de grasa, a pelo cargado de unguentos indeterminados… Me levanté y me bajé en la siguiente estación.

¿Por qué sigue habiendo gente tan sucia??? ¿Por qué no se hacen campañas por la ducha diaria???