
Una capital que apenas duró 15 años. Un conjunto monumental que se lleva visitando desde hace cinco siglos. Es la historia de un capricho, es la historia de la monumental y hermosa Fatehpur Sikri. A tan solo
Cuando llevaba diez años reinando sobre los mogoles y otros tanto esperando tener un hijo varón, cuenta la leyenda que Akbar visitó a un hombre religioso que le pronosticó que tendría tres posibles herederos a lo largo de su vida. Y precisamente después, una de sus mujeres quedó embarazada. Fue llevaba al pueblo del religioso y allí nació un niño. Entonces el poderoso Akbar decidió construir en ese sitio una ciudad con murallas, edificios y rincones cargados de detalles impresionantes. Palacios que abandonó sin que se sepa bien por qué.
Ese aire fantasmal de una ciudad apenas habitada durante unos años no se ha perdido en Fatehpur Sikri. Grandes salas decoradas con habilidad y exquisito gusto apenas fueron apreciadas unas cuantas veces y, sin más, se quedaron abandonadas. Un día, según los relatos que han quedado escritos, en esos palacios y entre sus calles llegó a haber un centenar de elefantes, cientos de concubinas, políticos y nobles.
La piedra de los edificios es rojiza, y los arquitectos jugaron con la aritmética, con el juego de las luces y las sombras… y quizás con la intención de sorprender. Detrás de una pequeña puerta no siempre se esconde una habitación diminuta… puede aparecer una estancia enorme o un gran patio. Encima de los techos nacen enormes y elegantes cúpulas. Techos y columnas aparecen labrados como si fuesen madera, desde luego sin serlo. Y aunque la mirada se pierda entre las columnas, los patios o los techos, no hay que descuidar el suelo. En uno de los palacios, el del soberano, sobre el suelo hay un parchís dibujado en piedra. En él jugaba Akbar con concubinas que se disfrazaban de color y hacían de delicadas piedras. Cada movimiento de ficha lo ejecutaban ellas con diferentes bailes.
Las incrustaciones de mármol blanco sobre la piedra rojiza flanquean la entrada de la imponente mezquita de Fatehpur Sikri. No se puede pisar el suelo con zapatos de un territorio sagrado. Por eso, hay que descalzarse o ponerse sobre los pies unas fundas de tela que ofrecen en la entrada. Así, hasta el interior de la mezquita no entra el polvo de la calle.


